Día mundial del prematuro

17 de noviembre

Llevo años pensando en vosotros, los padres de los bebés prematuros.

Desde que conduzco grupos multifamiliares de crianza, las familias compartís una y otra vez los sentimientos encontrados que tenéis cuando nace vuestro bebé: alegría pero también miedo. Ilusión. Agotamiento. Dificultades de pareja. Duelos. Muchas ganas de cuidar a vuestro bebé. Incertidumbre.

Da la sensación de que nadie te ha contado de verdad lo que supone tener un hijo, o si lo han hecho por el motivo que sea no te ha llegado… Está todo tan mitificado que la realidad, con sus altos y bajos, nos sorprende y a veces cuesta adaptarnos.

  En el caso de los bebés nacidos prematuros, aún hay más diferencia entre lo que esperabais y lo que ha sucedido. Vuestro bebé a lo mejor ni parece un bebé. O a lo mejor tú, mamá,  has tenido que estar en reposo meses y meses. O parece un bebé pero detrás de tantos tubitos y máquinas no lo sientes ni tuyo…

  Lo normal, para lo que nos prepara la naturaleza en estos casos, es más bien para rechazar, o al menos para protegernos al máximo. En los países con más dificultades económicas, cuanto más pobre es el país más años tardan en poner nombre a sus hijos, precisamente porque la mortalidad infantil es muy alta.

post- día mundial del prematuro

Y es en este contexto donde a vosotros, padres y madres de los bebés prematuros, los profesionales sanitarios os pedimos que arriesguéis. Os pedimos que pongáis piel con piel a vuestro bebé. A ti, mamá, que te saques leche y la traigas, cueste lo que cueste. Os lo pedimos porque de ello depende en parte la supervivencia y evolución de vuestro bebé. Porque en la mayoría de casos ayudará a que podáis sentirlo vuestro y quererlo.

  Pero no siempre somos conscientes ni os decimos qué valientes que sois. Porque hacer con piel con un bebé cuando tienes terror a que no sobreviva; cuando no lo sientes tuyo; cuando incluso sientes rechazo; es muy duro. Tanto que si no os sentís capaces, si de verdad no podéis, nadie tenemos derecho a juzgaros.

  Otra cosa que me gustaría deciros a todos, a los valientes padres y madres de los bebés prematuros, es: no hace falta que quieras a tu bebé. Como lo oyes. No estoy loca. Como persona y como pediatra sé lo que el amor y la falta de amor suponen en la vida de cualquier niño y niña. Pero la realidad es que el amor no puede forzarse. El cariño viene, solo, siempre que te permitas fluir y transitar por tus sentimientos, y no se te juzgue ni te juzgues por ellos.

  De nuevo te digo: cuando hay embarazos muy duros, o nacen niños muy graves o muy prematuros, la naturaleza te ha preparado para rechazar a tu bebé, no para quererlo, porque de alguna forma te quiere proteger de lo que puede hacerte daño. Puede ser que en tu caso no sea así, sino que ya desde el primer momento sólo has deseado protegerlo y estar con él o ella a todas horas. Pero si no ha sido así, si por dentro sientes ese muro que no te permite sentirlo tuyo, por favor, no te sientas culpable, ni mala madre o mal padre. Eres simplemente humano, humana, y el cariño vendrá, te lo prometo.

También os digo: cuidaos, mucho, en la medida que podáis y la circunstancia os lo permita. Respetad vuestros ritmos, y vuestra propia manera de transitar por una de las experiencias más duras de vuestra vida.

  Y, sobre todo, queridos mamá y papá de vuestro bebé prematuro, no perdáis la Esperanza. La Esperanza de la que hablo no es un resultado concreto, en la situación de alta incertidumbre que vivís no puedo aseguraros que todo irá bien, y sin embargo creo firmemente que nadie, nadie, tiene derecho a quitaros vuestra Esperanza.

La Esperanza como actitud, como deseo, como motor, como sostén.

 

Un gran, gran abrazo 

Ana, pediatra familiar

  

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Me encantará leer vuestros comentarios, y si os sentís desbordados, perdidos o simplemente creéis que necesitáis más ayuda con la Crianza de vuestro hijo, os invito a mi Consulta de Pediatría Familiar.

Podéis y os recomiendo tener vuestro pediatra, vuestra enfermera pediátrica, pero quizá durante un tiempo os vaya bien mi compañía. Estaré encantada de visitar a vuestro bebé, y de resolver las dudas que podáis tener, pero sobre todo estaré encantada de acompañaros. De escucharos y ayudaros, de aliviaros.

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