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Porque jugar es algo serio

   A veces es jugando cuando nos mostramos de forma más auténtica. Vivimos en nuestra mente, muchos de nosotros, y el juego nos permite salir de ahí, relacionarnos de otra manera.

   Hace tiempo que estoy abriéndole al juego una parcela de mi vida, tanto personal como profesional.   De la mano de mis compañeros de  Pediatría Origen en Clínica Corachan, aprendo cada día maneras de jugar con nuestros pacientes y sus familias. Y me está apasionado utilizar los juegos en terapia con los niños y niñas, con los adolescentes y en terapia familiar.

   Quién me iba a decir todo lo que nos iba a aportar, no sólo en cuanto a información, que es mucha, sino porque jugando nos relacionamos, nos vinculamos. Y el objetivo de toda terapia es que las personas y las familias vivan más cómodas, más felices, más conectadas.

   A veces es más importante ayudar a una mamá o papá a jugar con vuestro hijo/a que todas las palabras que podamos decirle. Contribuir a que os relacionéis desde el disfrute, no sólo desde las obligaciones del día a día, que a veces no nos permiten dedicarnos  al menos un poquito a lo más importante.

   También es una experiencia preciosa escuchar o ver jugar a tu hijo con sus cosas, sus muñecos. El juego libre, o el juego libre contigo, si sabes ver y oír, te dirá mucho sobre cómo es, cómo está, cómo le va: con sus amiguitos, con la discusión que tuviste con tu pareja pensando que no se enteraba… Con el juego libre los niños no solo expresan, sino que reparan, lo que les haya afectado. Repitiendo una y otra vez por ejemplo un choque de coches, hasta que está digerido lo que pasó, y superado, por el momento.

   En el caso de la adolescencia, cuando la relación ya está a veces muy enquistada, un buen juego acompañado terapéuticamente también puede ayudar a desbloquear una situación, a que se bajen, al menos un poco, las barreras, a poder reencontrarse.

   Es más fácil hablar y hacer ver a una persona, niño o adulto, lo que ha pasado en el juego, que hablar directamente de una situación dolorosa que ha pasado en casa, y lo uno suele dar pie a lo otro, en mi experiencia.

   Fuera de la terapia, mamás y papás, jugad! Juegos de mesa, juegos de calle, y en alguna ocasión videojuegos, por qué no? Más vale compartir el videojuego con tu hijo/a, ir a su terreno, que dejarle solo con él horas y horas. Seamos proactivos en la higiene digital de nuestros hijos, hagamos el videojuego patrimonio de todos y así quizá no se convertirá tanto en su refugio, sobre todo si establecemos unos límites y normas como en otros aspectos de su vida.

   No tengas miedo a poner límites, mamá o papá.

¿Sabías que puedes jugar con tu hijo a juegos de mesa desde los 2 años o incluso antes? ¿Qué hay juegos competitivos y juegos colaborativos? ¿Qué está demostrado que jugar a algunos juegos de mesa puede ayudar a tu hijo con TDAH?

   Y si no sabes mucho de juegos, te animo a ir a alguna juguetería que conozcas, de ésas en las que los que te atienden aman el juego, se los conocen, los juegan con sus propios hijos. Donde son conscientes de lo serio que puede ser jugar.

A mí, que soy muy racional, me ha costado entrar en ello, pero tengo que decir que jugar me está cambiando, no sólo como terapeuta, sino como persona y como madre.

   También tengo que reconocerte que no me es fácil priorizar el juego. Mi atención está secuestrada por mil cosas que hacer, tanto de la casa como del trabajo, a ti también te pasa? Y me pasa también que a veces he sentido culpa por no jugar más con nuestro hijo o sobrinos.

   Y ¿sabes qué? Que ahora intento vivirlo de otra forma. En lugar de meter el jugar en el saco de “must do” o exigencias, lo pongo en el saco de “yo también merezco”. Yo también merezco disfrutar, no sólo de la relación con nuestro hijo, sino del mismo juego. Merezco descanso y parar. A veces debemos forzarnos a parar, eso sí, pero el juego es el lujo, el premio por haber parado.

 

 Y a ti, ¿cómo te va jugar con tu hijo/a? ¿te cuesta? ¿jugaron contigo tus padres? Me encantará leerte y, si lo necesitas, acompañarte en el juego de la vida con tu familia.

Un abrazo

Ana, pediatra y psicoterapeuta familiar

 

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