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PERMISO PARA SENTIR: CLAVES PARA LA EDUCACIÓN EMOCIONAL EN LA FAMILIA

   Las emociones no están de moda. Lo que sí está de moda es la “gestión” de las emociones, que viene a ser como un “coloca la emoción en una cajita bien guardadita, que no moleste”. 

   Por eso, hoy en día es especialmente difícil educar a nuestros hijos en las emociones. Cómo vamos a enseñarles un lenguaje que está “prohibido”, “penalizado”, que es feo, que la gente esconde. 

   Cuando lo cierto es que las emociones tiene una función, están al servicio de nuestra supervivencia, por eso hay más de ésas que consideramos “negativas”, porque su función principal es protegernos. 

 

   Así que es importante escucharlas, atenderlas. Porque si no se hacen más grandes, van creciendo dentro hasta que nos dañamos guardándolas, o explotamos, las expresamos de formas dañinas para nosotros o los demás. 

 

   He pensado dejarte estas claves, un resumen de cómo entiendo yo que podemos ayudar a nuestros hijos cuando se sienten “mal”:

 

1- LA FAMILIA, LA MEJOR ESCUELA DE EMOCIONES

   

   Si te fijas, no he titulado este post “educación emocional de tu hijo”, sino educación emocional en la familia. Porque muchos no aprendimos en su momento el lenguaje de las emociones: se nos enseñó a no hacerles caso o, como máximo, a taparlas y a distraernos con otra cosa.    

   La realidad es que no solemos sentirnos cómodos con nuestras emociones, y por eso nos resulta difícil tolerar las de nuestros hijos. Vemos la tristeza, el enfado, la envidia, la agresividad, como algo malo, que hay que corregir, que hay que evitar. Cuando nuestros hijos “sienten” y expresan emociones que consideramos “negativas”,  los adultos muchas mamás y papás es fácil que nos sintamos incómodos, que busquemos que dejen de sentir eso.

 

  Así que las primeras claves que voy a darte para ayudar a tu hijo con sus emociones  tienen que ver más contigo que con tu hijo/a, porque es difícil enseñarle a sumar si tú no has aprendido antes, no te parece?

 

2- PERMISO PARA SENTIR

 

   Como te contaba, las emociones son un lenguaje, y el lenguaje es comunicación, las emociones nos hablan, nos cuentan qué pasa, si hay algún peligro, si hay alguna necesidad no cubierta. . Siempre tenemos una buena razón para sentir lo que sentimos, y no hay emociones “buenas” o “malas”.  

    El lenguaje de las emociones  habla a través de nuestro cuerpo, aunque no estemos acostumbrados a sentir a nuestras emociones ahí, a no ser que sean muy intensas. Por ejemplo cuando no podemos comer porque “se nos han puesto los nervios en el estómago”, o cuando nos quedamos bloqueados en una situación, o “hervimos” de rabia. 

 

     Además de resultarnos incómodas, incluso físicamente, nos es difícil sostener nuestras emociones porque nos juzgamos por ellas, nos criticamos, con mensajes del tipo: no debería sentirme así, soy egoísta por sentirme así, o a mí me pasa algo malo etc. Podemos entrar en una espiral de “emociones secundarias” de culpa, vergüenza, miedo…

 

   Darte permiso para sentir es más fácil si puedes acercarte a ti de forma compasiva, comprendiendo que eso que sientes está ahí por algo, honrarlo, acompañándote en esa incomodidad, como deseas estar al lado de tu hijo cuando sufre. A eso le llamamos sostener. Sostener intentando no juzgarte, o no dejándote llevar por tu juicio, sostener sabiendo que si te permites sentirla al cabo de un ratito la emoción pasará, porque es como una ola. Sostener sabiendo que aunque estés lleno de tristeza, de rabia, tú no eres esa rabia, esa tristeza, eres quien la está sintiendo. A eso le llamamos de-fusionar. 

 

3- NUESTRA MIRADA: ESPEJO DONDE NUESTROS HIJOS LEEN SUS EMOCIONES

 

   Este abril se cumple el 125 aniversario del nacimiento de Donald Winnicott, un pediatra, psiquiatra y psicoanalista inglés, pionero de todo lo relacionado con la relación madre-bebé. Nos citaba el otro día a Winnicott  mi maravillosa profesora de Apego Maryorie Dantagnan: 

 

   Winnicott explica que para que un bebé se sienta seguro con su mamá (o papá), es muy importante que mamá/papá hagan función de espejo y sostengan. 

 

   Imagínate un bebé llorando. El bebé no sabe qué le pasa, no conoce ni las palabras, sólo está incómodo. Mamá/papá le coge en brazos y le mira, con una mirada que se adapta a la emoción del bebé, por ejemplo un poco apagada, y le habla  como diciendo “pobrecito mi bebé”, y a la vez transmitiéndole: mamá/papá está aquí, en un ratito estarás mejor. El bebé, en los ojos de mamá/papá, lee lo que le pasa, y que mamá/papá pueden con ello, y es eso, y el sentirse en los brazos del adulto calmado,  lo que le calma. A eso le llamamos regulación.      

 

   Los bebés no tienen ningún problema con la expresión de sus emociones, verdad? Lloran, berrean, se ponen contentos, sin ningún tapujo. Si mamá/papá puede hacer esa función de espejo + sostén, el bebé se regula, y con el tiempo incluso comenzará a poder regularse solito.

 

   Pero muchas veces mamá/papá no estamos calmados. A lo mejor estamos nerviosos, o a lo mejor muy preocupados por nuestras cosas, o profundamente tristes. O tan desconectados de nuestras emociones que no podemos “sentir” a nuestro bebé.O nos enfadamos con nuestro bebé/hijo/adolescente por sentir lo que siente. Entonces nuestro bebé no aprende a regular su emoción: o la esconde, o sigue llorando, por ejemplo. Por eso hay niños que parece que no se pueden consolar con nada, o que hacen muchas rabietas difíciles de contener, o pegan a otros niños. O niños más mayores que no saben expresar lo que les pasa, que se “portan mal” en casa, en el cole… que viven ansiosos, inatentos, etc. 

 

   Entonces, ¿cómo podemos ser espejo para nuestros hijos? ¿cómo podemos sostener sus emociones, y así darles permiso para poder expresarlas? ¿cómo podemos enseñarles a regularse?

 

4- SOSTENERTE PARA PODER SOSTENER. MIRARTE PARA PODER MIRAR.

 

   Cuando nuestro hijo/a expresa una emoción que nos incomoda, o porque nos duele, o porque es muy intensa, suele despertarse en nosotros una cascada de pensamientos y emociones. Por ejemplo, cuando nuestro hijo se enfada al ponerle un límite a veces nos sentimos culpables, o frustrados porque pensamos que tendría que entender que es por su bien. O cuando llora porque se ha muerto su abuelito podemos sentirnos desbordados, y buscar rápidamente ayuda psicológica, por miedo a su tristeza, o porque simplemente nos despierta la nuestra, que habíamos conseguido guardar muy bien en esa cajita al fondo de nuestra mente. 

 

   Así que  para ayudar a nuestro hijo/a cuando sienta/ exprese estas emociones lo primero que hemos de hacer es darnos cuenta de qué sentimos nosotros. Y permitírnoslo. Y acompañarnos, darnos muchos besitos, es lo que en el mundo del Mindfulness y Autocompasión se denomina la Pausa de la Autocompasión. Se trata de segundos, casi es más una actitud, la actitud compasiva y atenta hacia nosotros.

 

   Es esto lo que te hace fuerte. Cuando te miras, te sostienes, con Amor, tu mirada se limpia, y en ella tu hijo/a ve reflejada tu empatía, tu solidez. Le llega el: puedes sentirte triste, siente que estés así, mamá/papá está contigo, todo va a ir bien. 

   Tenga la edad que tenga. Bebé, niño/a, adolescente. Una y otra vez. 

 

5- A VECES NO ES MOMENTO PARA LAS PALABRAS

 

   Algo muy frecuente, si estamos en un  momento de intensidad emocional, es intentar calmar a nuestro hijo/a desde las palabras. Por ejemplo en medio de una rabieta.  Pero ahora es el momento de la emoción, no de las palabras. Quizá el del contacto físico, si él/ella te lo permite. Por ejemplo en una rabieta es importante estar cerca, no dejarle solo/a nunca, pero quizá de entrada no nos deje tocarle o abrazarle. Nuestro silencio amoroso, nuestra presencia que da permiso, es lo que más puede ayudarle en ese momento de desborde. 

   Si en 5-10 minutos no ha bajado la intensidad, si realmente está muy desbordado/a, puede ser necesario contenerlo físicamente, por ejemplo en el caso de una rabieta, o podemos intentar distraerlo, cambiar de ambiente, por ejemplo salir a dar un paseo… si es un adolescente, quizá sí de entrada, si dos hermanos se están peleando por ejemplo, podemos separarlos cada uno en una habitación… 

   Las palabras se darán más adelante, y ayudarán. Pero incluso puede ser al día siguiente, o en un momento de calma al cabo de unos días.

 

   Vayamos a lo primario, al cuerpo, a la calidez, a la esencia del Amor, de la Presencia, del estoy aquí porque me importas. 

 

6- CÓMO AYUDAR A NUESTROS HIJOS A EXPRESAR SUS EMOCIONES

 

   Los niños suelen vivir las emociones con mucha intensidad, y es importante darles herramientas de expresión, porque cuanto más las expresen, más las definan, más fácil será que no se fusionen con ellas y se desborden.

 

   como las emociones residen en el cuerpo, y los niños sobre todo los más pequeños tienen bastante fácil acceso al suyo, les ayuda que les pidamos que sitúen la emoción en su cuerpo: ¿dónde la sientes? ¿cómo es? Y que le den cualidades también sensoriales: de qué color, temperatura, forma… suena? huele, sabe a algo? De esta forma la emoción, a la que pueden poner un nombre, ya es algo que no es ellos.

 

   También pueden pintarla, bailarla, cantarla, moldearla con arcilla… 

 

   Podemos contarles cuentos que hablen de esa emoción, también. 

 

   

 

6- MENTALIZAR

 

   Cuando llega el momento de las palabras, será tiempo de echar mano del precioso arsenal del cerebro humano, de la capacidad de mentalizar, que nos diferencia del resto de especies animales. Reside en la parte frontal, en una zona de la corteza llamada prefrontal, y se trata precisamente de eso, de procesar con la mente, de comprender. 

 

   Cuando explicamos a nuestros hijos con el lenguaje el porqué de las cosas, cuando desmontamos una creencia, com por ejemplo: todas las personas que cogen el coronavirus se van a morir. Cuando les explicamos que vamos a estar ahí. La mente contriubuye también a esa regulación de la que te hablaba. Seguro que has experimentado con tu hijo que a veces comprender el porqué, o simplemente el saber que algo es de una determinada manera, puede ayudarle mucho. 

 

7- PODEMOS SENTIR TODO, PERO NO PODEMOS HACER TODO

 

   Este punto es donde a veces puede haber confusión, o donde reside muchas veces el miedo en mamás y papás. Parece que al permitir la emoción nuestro hijo/a se nos va a desmadrar, va a entrar en una espiral de descontrol, en plan todo está permitido.

 

   Y lo que sí está permitido es Todo el abanico de emociones que puede sentir el ser humano. Todo. La rabia, la tristeza, los celos, la envidia, incluso el deseo de que alguien muera, el deseo de hacer daño. Lo importante es saber que, sintamos lo que sintamos, nada nos da derecho a hacer daño a otra persona. 

 

   Como sabéis, trabajo con personas, con niños, que se sienten malos, porque sienten a veces estas cosas. Pero todo lo que sentimos tiene una razón de ser, en muchos casos es fruto de no sentirnos lo bastante amados, reconocidos. Es muy muy importante que nuestros hijos sientan que “bendecimos” todas sus emociones, las honramos, les damos su lugar. Eso es lo que los va a contener, y lo que hará que no las expresen de forma dañina.

 

   Hemos de enseñarles, pues, formas permitidas y no permitidas de expresar las emociones, que se resumen en: puedas expresarlas como quieras mientras no te hagas daño ni se lo hagas a otra persona. 

 

 8- CALMAR LA EMOCIÓN? DISTRAER?

 

   Una vez sentida, comprendida, expresada… qué piensas  que habríamos de hacer? 

 

   En realidad, lo más importante, la experiencia que calará en nuestro hijo/a, es nuestra presencia, nuestra compañía, nuestro abrazo. Sentir que, sientan lo que sientan, estamos con ellos. De forma incondicional, sin juzgarles. 

 

   Es frecuente que, ante las emociones de nuestros hijos, intentemos de entrada distraerlos: con un juguete, con comida, comprándoles algo…  y todo esto no está mal, en realidad les ayudaría más si lo hiciéramos después, cuando la emoción ya ha sido expresada, digerida… como un elemento de cuidado, de reforzar el estoy aquí, de ayudarles  a acabar de superar ese momento. 

 

¿Qué te ha parecido este post? ¿Piensas que puede ayudarte como mamá o papá? ¿Te gustaría añadir algo, que me extendiera más sobre algún punto?

ya sabes que me encantará leerte

 

Ana