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NO HACE FALTA QUE TE GUSTE TU ORIGEN PARA ACEPTARLO

    Esta semana hace 7 años que adoptamos a nuestro hijo. Me daba cuenta de que cada año sobre estas fechas estoy especialmente irritable y sensible. Mucha ternura, emoción, agradecimiento… pero también rabia, impotencia. Siento que hay algo que no acabo de tener digerido, respecto a su origen, a cómo llegamos a ser familia. Relacionado con él, relacionado conmigo. 

   Porque en la teoría lo tengo muy claro. En nuestra casa se honra a su familia biológica y a su país de origen. En nuestra casa se puede hablar, y se habla, de la mamá de la barriga. En nuestra casa se Siente el origen, se habla de todo esto desde el corazón, desde sus sentimientos y los nuestros.

   Pero en esta semana del año algo se me atraganta. Y supongo que es normal. Recordar este aniversario es recordar un viaje precioso, unos momentos inolvidables. También es recordar mucho sufrimiento, en la espera, en esos primeros tiempos de adaptación. Pero, sobre todo, es poner de nuevo sobre la mesa el dolor. Su dolor y mi dolor.

   Su dolor,  porque dudo que a ningún hijo adoptivo/a le guste serlo.  Pienso que a todos y cada uno de los hijos adoptivos les habría gustado que las cosas fueran diferentes, que su familia biológica no hubiera tenido las dificultades que tuvo, o no hubiera sido como fue, y poder haberse sentido amados incondicionalmente y seguros/as desde momento 0, o menos 9 meses.

   Y mi dolor, porque los padres y madres sufrimos con el dolor de nuestros hijos, pero también por mi propia historia, vulnerabilidad, limitaciones.

   Puedo decir que me gusta el origen de mi hijo, así a lo abstracto, porque el país de donde viene y sus gentes tienen muchas cosas, no todas,  preciosas, y a lo real, porque sin eso no sería la persona que es, ni nuestro hijo. Pero ahí dentro algo mío sufre, ahí dentro a una parte mía no le gusta el origen de mi hijo. No le gusta que no pudiera disfrutar de entrada de la familia amorosa y cuidadosa a la que tenía derecho, no le gusta lo que eso ha significado para su desarrollo y, de alguna forma, para su presente y su futuro. Por muy resiliente que sea (que lo es, y mucho), y por muchas fortalezas que tiene (que las tiene, y muchas).

   Y a él tampoco tiene por qué gustarle. Y os aseguro que, como a muchos de vuestros hijos, no le gusta, y preferiría que su origen hubiera sido diferente.

   Pero, nos guste o no, a él y a nosotros, ése es su origen, su historia. Suyo. Parte de él, de quién es, de lo que le constituye como persona, de su identidad. Y no aceptar su origen es no aceptarlo a él.

   Así que pienso que podemos, y debemos, aceptar el origen de nuestros hijos adoptivos, aunque no acabe de gustarnos. Y honrarlo, es decir, darle un lugar, que quepa de forma al menos relativamente cómoda, en nuestra vida, nuestro hogar y nuestro corazón.

   Y esto no es inmediato, es un proceso. Requiere Amor, e intención. El origen es lo que es. No podemos cambiarlo. Pero sí podemos aceptarlo, y así ayudar a nuestro hijo en su primer paso en su búsqueda de origen, que no es conocer a su familia biológica sino, simple y complicadamente, aceptar el hecho de que es hijo/a adoptivo/a.

   Y el primer paso, al  menos para mí, es aceptar mi limitación y vulnerabilidad, aceptar que me cuesta aceptar, precisamente. Que en mi interior sigue habiendo lucha, y resistencia, deseo de que las cosas hubieran sido diferentes. Quizá por mí pero, sobre todo, por él.

   Y si eres hijo/a adoptivo/a, y me estás leyendo, me atrevo a hablarte, siempre desde la duda de si tengo derecho a ello, y a invitarte a reflexionar sobre mis palabras, a darles alguna vuelta en tu corazón. Te invito a diferenciar aceptar de gustar. A plantearte, si este tema es motivo de sufrimiento para ti, a  aceptar tu origen aunque no te guste. A calmar, al menos un poco, esa parte de ti que rechaza cómo viviste estos primeros pasos en tu vida. A darle un lugar a esa parte, que sufre. A mirarla con compasión, con Amor, y decirle: te veo, y sé que quieres ayudarme y protegerme, pero necesito aceptarme, con todas mis partes, con mi historia, ser Yo.

 

   ¿Cómo te resuenan mis palabras? ¿Como madre, padre adoptivo, te sientes identificado/a? ¿Y como hijo/a adoptivo/a? Me encantará leerte.

Con cariño

Ana