LAS MOCHILAS DE LA ADOPCIÓN

 

Hablar de adopción no es fácil.

Se habla de la fragilidad del niño adoptado, olvidando la enorme fortaleza que posee, la del superviviente.

Se idealiza a la familia adoptiva colocándola en un pedestal cuando, en la mayoría de los casos, adoptáis precisamente por una carencia, un duelo, un no poder.

Ambos, padres e hijos, sabéis de lucha y sabéis de fragilidad. De ilusión y de miedo. Y como ocurre siempre que sufrimos, sabéis también huir de ello, y taparlo.

Ellos, con el movimiento, la inatención, el aislamiento. Nosotros con mecanismos más dañinos en ocasiones.

Educar a nuestros hijos en las emociones pasa por contactar nosotros primero con ellas. Al contrario de lo que pueda parecer, reconocer y aceptar nuestra vulnerabilidad, que nos equivocamos, que a veces no sabemos, puede abrir el corazón de nuestros hijos. 

El niño que ha vivido una situación de desamparo, de por sí siente que “es menos”, que hay una desproporción entre los demás y él/ella.

Sentirse amado por una nueva familia, y a la vez reconocer que no es perfecta y que también sufre, le ayuda a sentirse incluido, uno más.

Un niño/niña en situación de desamparo tiene unas gafas de ver la vida, se siente “abandonable”, no digno. Los padres adoptivos, por el hecho de no haber podido ser padres biológicos, en ocasiones compartís ese  sentimiento.

El niño/a en situación de desamparo siente miedo, temor a volver a ser abandonado, frustración ante una pérdida tras otra. Su vaso de frustraciones está ya muy lleno, y por ello a veces situaciones más “pequeñas” para nosotros pueden ser la gota que colme su vaso y le desborde.

Los padres adoptivos en muchas ocasiones también tenemos miedo y sufrimos pérdidas: paso por FIV, abortos, el propio proceso de adopción, largo, incierto, con múltiples obstáculos donde se os examina como padre/madre sin haber tenido ocasión de “hacer las prácticas” antes.

El niño/a adoptado puede tener expectativas sobre cómo será su familia, pero generalmente sólo el hecho de tener familia ya las cumple mucho. Sí vive un duelo, el haber perdido  todo el mundo que conoce hasta ahora, sumado al propio duelo del abandono o la separación de su familia biológica. 

Los padres adoptivos habéis tenido mucho tiempo para elaborar vuestras fantasías, y si ningún hijo cumple las expectativas de sus padres, el adoptivo tampoco. A este duelo se suman muchos otros que aún no han tenido un lugar para ser elaborados.

Así que os encontráis recién llegados, cansados, expectantes, y con miles de sentimientos encontrados: ilusión, alegría, pero a veces no sabéis por qué rabia, frustración, tristeza.

El entorno y el apoyo aquí son muy importantes.

Si estos sentimientos son licitados, aceptados por nuestro entorno, la fase poco a poco pasará y la familia se irá consolidando.

Pero si no es así, la culpa, tristeza, irán haciendo mella en una familia ya de por sí  desgastada , y será más difícil la adaptación.

Por eso es tan importante buscar gente con la que no os sintáis juzgados, sino comprendidos. Otras familias adoptivas, o algún amigo/a de ésos que son un bálsamo para el corazón, y si es necesario profesionales con experiencia en el mundo de la adopción.

 En mi experiencia, sólo el hecho de poder compartir, de poder comprender que lo que os pasa es normal, ya os alivia un montón y os permite vivir con menos peso vuestro día a día.

Y vosotros,
¿en qué momento estáis? ¿Ya tenéis en casa a vuestro/a peque?
¿Qué necesitáis de vuestro entorno en este momento?
¿Qué hacéis cuando los sentimientos os desbordan?

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Estaré encantada de leer y responder vuestros comentarios. Si en algún momento os sentís sobrepasados, y compartir con la gente más cercana no es suficiente para aliviaros, no dudéis en escribirme o llamarme para juntos valorar cómo os puedo ayudar.