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ANNE WITH AN E, DESDE LA MIRADA DEL TRAUMA TEMPRANO

 

Hace años vi una serie, Ana de las tejas verdes. Romántica, costumbrista. A mi hermana y a mí nos encantó. Vi que ahora ha habido un remake, Anne with an E (Anna con A)  y me puse a verlo. Me impresionó. Sigo estándolo.

   Creo que en parte es por el enfoque que le han dado, y también porque ahora soy madre adoptiva y me dedico profesionalmente al mundo de la adopción. El resumen es: para mí no tiene desperdicio.

   Es cierto que está ambientada en una época en la que no se sabía nada del trauma temprano, y en la que los niños eran considerados poco más que objetos, especialmente los niños huérfanos, como es el caso de la protagonista de esta serie. Por eso tampoco tengo claro verla aún con mi hijo, hay escenas que pueden herir la sensibilidad de una persona que sufrido estas vivencias, pero si ya tiene una cierta madurez estoy segura de que se puede sentir reflejada en muchos sentires y escenas.

   Porque hay un sinfín de cosas que encuentro que son completamente vigentes hoy en día.

   Por un lado, la descripción de Anne, esta niña húerfana que ha vivido tanto en institución como en varias casas de acogida, y que finalmente es adoptada por dos hermanos mayores, que viven en una granja del Canadá. Ellos viven solos, y desean adoptar un niño

 

   Anne tiene, sobre todo al principio, flashbacks. Según qué ruidos o situaciones la transportan directamente a momentos traumáticos de su vida, y la dejan en shock, en trance. Es lo que hoy en día llamamos stress postraumático, y que muchos de estos niños padecen. 

   Por otro lado, es una niña increíblemente inteligente, y curiosa, pero incapaz de centrar su atención, al menos en los primeros años tras su adopción. Tanto por su dificultad para contener la emoción, como aventuro yo como por la desorganización que reina en su cerebro, fruto de todas sus vivencias traumáticas.

   Anne es propensa a la idealización, y se refugia en un mundo de fantasía cuando el día a día la sobrepasa. Su interior se compone de unas partes más sanas, com su inteligencia, fuerza, perseverancia, y otras más vulnerables, de mucho sufrimiento, que la llevan a esa fantasía. Tiene una parte impulsiva, muy inmadura, con una emocionalidad a flor de piel que la secuestra y no puede contener.  En un momento de especial dureza, cuando se escolariza y sufre lo que hoy en día llamaríamos bullying, deja de acudir a escuela, y se relaciona únicamente con una amiga imaginaria, su propio reflejo en el cristal de un reloj de pared. Podríamos identificar ese momento como de especial riesgo, de enfermar gravemente, de no poder volver del mundo de fantasía donde se siente protegida. Finalmente la salva el vínvulo, con su nueva familia y sus nuevos amigos.

   Es preciosa también la descripción de su familia, Marila y Mathew. Ellos no saben nada de niños, y menos de niños de estas características. De hecho, querían un niñO, y por error les trajeron (no fueron a buscarla) a Anne. Todo su proceso de adopción se basó en que se están haciendo mayores y Mathew no está bien de salud, por eso quieren un hijo que le ayude en las faenas de la granja y les haga compañía. En ningún momento se plantea la adopción como una manera de proteger a esta niña, de darle la familia a la que tiene derecho. Porque entonces aún no se consideraba que los niños tuvieran derecho (la convención de los derechos del niño se firmó por primera vez en 1959!)

   Pero Mathew, muy parco en palabras, se muestra desde el principio sensible y atento, curioso, cariñoso. Marila, más fría al principio, intuímos que debido a su propia historia o «mochila», poco a poco puede conectar con Anne, “descongelarse” en el proceso, desarrollando unas capacidades parentales fantásticas: sensibilidad, firmeza flexible, cariño.

   La escuela es otro tratado sobre trauma temprano y adopción: su inseguridad y necesidad de destacar, cómo los niños de entrada rechazan la diferencia y se muestran muy crueles con ella. Hay una escena en la que se bloquea,  y su atención queda secuestrada por la angustia y la vergüenza, cuano menstrúa por primera vez y la sacan a la pizarra, y se muestra incapaz de responder a las preguntas del maestro. Para ella la escuela no sólo es un reto académico, haciendo un esfuerzo enorme para ponerse al nivel de los demás, sino un continuo ponerla a prueba a nivel emocional, una sed de ser aceptada por compañeros y maestro y gran sufrimiento por el rechazo de los demás, que perciben la torpeza en su conducta al pisar una escuela por primera vez en su vida. 

   En esta nueva vida Anne florece. Desde el respeto y el cariño Marila y Mathew descubren, valoran y potencian todos los recursos que trae, y cuando hace cosas no aceptadas a nivel social, como mentir, hablar de situaciones consideradas indecentes, o en otras ocasiones, son capaces de comprender todo lo que hay detrás de ello, aunque a veces tienen que establecer consecuencias para sus actos. La aceptan con sus blancos y negros, y no esperan de ella demasiado a ningún nivel, ni siquiera que sea feliz.

   Todavía estoy en la primera temporada, así que aún no puedo deciros cómo será de adulta, hasta qué punto esta nueva vida y su resiliencia podrán reparar ese trauma fruto de las carencias y abusos que sufrió. Estoy impaciente por seguir, ya te iré contando, y si la ves me encantará que me compartas qué te ha parecido.

   Si eres hijo/a adoptivo, me encantará también tu feedback. Espero que no te hayas sentido ofendido/a, y si es así me disculpo de antemano. Es verdad que en la serie hay tópicos y escenas que quizá puedan incomodarte, pero mi intención es, como siempre, dar a conocer lo que no se ve, el enorme esfuerzo que supone convertirse en hijo/hija de una nueva familia, de una nueva sociedad.

Con cariño

Ana